En la primera clase llevaba algunos vídeos preparados con canciones y juegos de música; me habían dicho que a Nicolás le encantaba el ordenador, además había escuchado lo bueno de las tablets en la intervención con niños con autismo.
El uso de las TICs (tecnologías de la información y comunicación) en la educación ha sido uno de los temas candentes de los últimos año, como algo imprescindible en la inclusión de los niños en la sociedad actual (alfabetización digital) y como una herramienta motivadora, dinámica y que propicia el aprendizaje personalizado.
Pues bien, nada funcionó con ordenador, y con dificultad funciona cuando la música es grabada. Me extrañó mucho, pero justo empecé a leer el libro de musicoterapia del profesor Benenzon que defiende en su teoría que la labor de la musicoterapia (especialmente en personas con trastorno de espectro autista) es restaurar la relación de la persona con los demás; "abrir canales de comunicación en el ser humano". Labor en la que las TICs pueden ser estímulos nocivos, mientras que las técnicas no-verbales serían mediadoras para evocar su identidad sonora (ISO) y restaurar su relación con los demás.
